martes, 16 de febrero de 2010

Mis escritos más brillantes fueron fruto de los momentos en los que más derrotada me sentí.


Hace mucho que siento que mis escritos no son tan suculentos (sí, como cupcakes de chocolate con baño de chocolate y chips de chocolate).
Y eso, es a veces, mi felicidad toda.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Feliz Cumpleaños a mi.

Hoy, 29.
Gracias vida.

martes, 9 de febrero de 2010

Son cosas que pasan, surrealistas...

Yo creo que de algunas poco habituales cosas que ocurren en este mundo, la mitad me sucede exclusivamente a mi. Y esto sin andar haciendo alarde.
Es necesario aclarar que de este combo de circunstancias que acontecen, una gran mayoría me saca de órbita, me descontextualiza.
Caso concreto es que si hay una persona que va a quedarse dormida en el decimoprimer peldaño de una escalera, y más tarde se caerá y se mutilará el labio superior y la punta de la nariz, esa seré yo.
Y si hay alguien en este mundo que sea empujada por primo chistón al techo de un viejo auto Valian desde una terraza, seré indefectiblemente yo.

No sé de que me asombré anoche, cuando las alarmas de mis negocios sonaron en simultáneo y policía solidario se apersonó en la ventana de mi comedor, silbando, bajito, mientras marido y yo teníamos el mejor sexo de todos los tiempos en el piso, en la mesa y en las sillas.

miércoles, 3 de febrero de 2010

La languidez en los tiempos de las siliconas

Los que les voy a contar es un suceso que realmente tuvo lugar ayer, mientras pequeña y yo nos asoleábamos como iguanas adentro de la pelopincho.

Sigo.

Cada vez que me hija deja asomar carita de pregunta capciosa, me empieza a subir un ácido desde el estómago hasta la garganta que, calculo, debe ser cagazo.
Esta vez la cosa tenía directa relación con mi top less doméstico (aclaro que en casa somos muy naturales...,  por lo que un top less es, para nosotros, igual de relevante que un bife a la plancha).

Rara pregunta de pequeña.
-Mamá, siempre pero siempre pasa que a las señoras grandes le crecen las tetas?
_Ajá. A vos también te van a crecer cuando seas más grande.
_......................................
-.......................................
-Pero yo no quiero tener las tetas "bajadas" como vos.
_sniffffffffffffffff

domingo, 31 de enero de 2010

Una vez que en el supermercado empezás a adquirir papel higiénico Scott en vez de Higienol, te estás aburguesando.

No es absurdo que una se detenga a pensar en el sentido social de la compra de determinado papel higiénico, sin embargo, desde mi propio lugar, la elección no pasa desapercibida.
Asumo que me encanta entrar a un baño y apreciar la hoja de Scott llena de patitas de perro colgando del portarrollo.
Descubro, también, que hay una intencionalidad del dueño de casa de lucir su rollo de Scott, hay un ánimo implícito, un grito callado que en definitiva dice: “Yo me limpio con Scott”.
Después de pulular por cientos de baños refinados, inodoros e inoloros con Scott , vitrinas colapsadas con perfumes franceses y velitas de canela y vainilla, adquirí mis rollitos, los que, hoy lucen en mi recinto y se deslucen, a la vez, tanto como una alpargata arriba de un piano.

martes, 26 de enero de 2010

jueves, 21 de enero de 2010

Cuando yo era mucho más chica y el complejo que me causaba tener una frente ancha y despejada (como playón de polideportivo, sí), me estaba truncando la existencia, mi madre sabía aplacarme la pena argumentando que las personas inteligentes, tenían, necesariamente, la frente ancha y que, por el contrario, los necios y mediocres, eran portadores de una frentecita mínima, tímida que no formaba distancia evidente entre las cejas y los flequillos.
Y sí, reconozco que me volví una mujer un poquitín más alegre. Convengamos, sí (vení sentido común sentate acá conmigo) que tuve que leer muchos libros y estudiar bastante porque bella nunca fui, más bien, moderadamente tocable, y a esa cosa nefasta ya, sumarle la cuestión de la frente prominente, no levantaba ni la estima en mi, ni, ni, nada, sigo.
A partir de los comentarios de mamá, mis percepciones empezaron a cambiar radicalmente. La propia se volvió un poquito más alentadora y las que tenía con respecto a los ajenos...se enajenaron.
Me torné casi paranoica, una observadora compulsiva que buscaba a toda costa frentes anchas para hacer amigos, para hablar de cosas sustanciales, para tener sexo sofisticado y audaz, o simplemente para no sentirme tan sola (mal de muchos, consuelo de tontos).
Cualquier comentario burdo, playo, que me llegara (y me arrastrara en mares de "irrefutabilidad"), me consolaba si salía de una frente acotada por un pensamiento jíbaro, osco y trunco. "Claro, ahí tenés...", me decía para mis adentros.
Mayor consuelo y goce me causaba formar parte de un grupo de amigas con fachada ancha, aunque lindas. Muchachas con ideas claras, prácticas y brillantes la mayoría del tiempo, auqnue insípidas y apaisadas en algunos otros (no somos tan prolijas a la hora de pensar).
Novios de frente ancha duraron en esta vida mía mucho más que aquellos que la tenían chica (hablamos de la frente); aunque los primeros no eran más vistosos, sí eran entretenidos (según mi propia concepción de entretenimiento).
Todo se daba en perfecta armonía y concordancia con respecto a las palabras de mi madre. Mi frente ancha y yo, vencíamos al mundo que antes nos había hecho creer que una era fea al pedo.

Un día, después de un tiempo importante, me vi la nariz grande. En verdad, un compañero (que odié con todo mi corazón), hizo que yo me viera la nariz más grande (supe un tiempo después que él me amaba con todas las ganas y que "...como las uvas estaban verdes"(*)...las escupimos, dijo...), en fin, sí después de un tiempo asumí que mi nariz era grande, como mi frente.
Y quise, claro, hallar en algún lugar alguna ventaja (o más bien un antídoto), algo que se constituyera en una suerte de salvavidas arrojado por uno de los muchachitos de Baywatch (o por Luciano Castro y ya estamos bárbaro), pero no hubo caso.
Una sentencia casi definitiva se volvió a instalar en mi vida y mami no supo qué decirme, o sí, "los genes son...todas tus primas se limaron el huesito", dijo.

Y como todo tiene un final casi feliz, resultó que engordé los cachetes y la nariz es como que se redujo (efectos fotoshoperos domésticos), y mi compañero odioso se vino a vivir conmigo un día de abril del dosmilseis y con él nos regalamos una niña de nariz pequeña, frente ancha y ojos celestes de mar.


(*)La zorra y las uvas. Fábula de Esopo.En ella una zorra ve un racimo de uvas e intenta cogerlo. Al darse cuenta de que está demasiado alto las desprecia diciendo "¡Están verdes!". La moraleja de la historia es que a menudo los hombres fingimos despreciar aquello que secretamente anhelamos y que sabemos inalcanzable.
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